
Ponte en canción…El fanatismo por Héroes del Silencio puede llegar a ser incomprensible para aquellas personas que no sufran de tan amargo (y a la vez dulce) virus incurable e imperdonable. No sé si una persona humilde y no poseedora de esta enfermedad puede llegar a comprender lo que Héroes del Silencio pueden llegar a significar. Desde mi más tierna infancia… Desde el más recóndito de mis sueños… Desde siempre he sentido a Héroes del Silencio.
Poseo toda su discografía oficial y extra-oficial, merchandising, camisetas, grabaciones caseras, llaveros, banderas, vinilos, casettes, recortes de periódico… Escribo uno de los blogs más importantes sobre el grupo. Estoy tatuado con su símbolo, marcado en mis venas con su estampa. Es un honor. He llegado a llorar con su música, he llegado a sentir cómo mi piel se erizaba con sus letras, he llegado a soñar con que un día, por fin, podría verlos en directo…
Esa noche valenciana… Vivo en Zaragoza, y ya había visto los dos conciertos que dieron en mi ciudad. Incluso me desplacé a Sevilla para ver el tercero en discordia. Por supuesto, fui a Valencia para el que sería el final de una reunión histórica.
El concierto era a las nueve de la noche, en el circuito Ricardo Tormo de Cheste, a 20 kilómetros de Valencia capital. Casi cien mil entradas (que se dice pronto) vendidas para una fiesta heróica que presumiblemente sería histórica. A las seis de la tarde decidimos coger el coche para llegar sin sorpresas.
Ya era demasiado tarde. Dieciséis kilómetros de atasco, a cuatro carriles, en la autovía. Colapso total. Mi compañero, residente en Madrid, dice no haber visto un atasco así en su vida. Los minutos pasan. Los metros no corren. Todo el mundo mira adelante y atrás… Una misma imágen, cientos y cientos de coches pueblan el asfalto. A las nueve y pico de la noche, cuando la tensión en la noche es más que palpable, oímos, atónitos, desperanzados y casi derrotados, cómo allá en la lejanía, suenan los primeros acordes de “El estanque”. El concierto ha comenzado… Mi compañero, un gran conductor hace lo que puede… y conseguimos aventajar nuestra posición por un par de carreteras de servicio… Llegamos a las diez y media. La Guardia Civil nos recibe con un “Aquí no se puede aparcar, hay que entrar por el otro lado”. A mil por hora nuestros coches y nuestros corazones llegamos a la parte trasera del circuito. Las canciones llegan traídas por el viento… una tras otra. Nos recibe otra pareja de guardia civiles “Aparcad donde podáis”. En mitad de la rotonda, donde lo han hecho ya muchos otros, es un buen sitio. “Tenéis que llegar andando hasta el circuito por esta carretera secundaria… hay veinte minutos”. Corriendo… mucho tiempo, por un camino de cabras, a oscuras, un hormigueo incesante de gente… desperanzada… escuchando en la distancia unas letras que tantas veces han cantado y que ahora, sólos en la noche, sólo se atreven a tararear. Por fin llegamos… un grupo de gente, ante la imposibilidad de algo mejor, nos tumbamos en el suelo, en mitad del monte, a unos trescientos metros de distancia laterales, a ver el concierto, con nuestra entrada intacta en el bolsillo, como vulgares ladrones.
Cuando todavía restan dos temas para terminar y después de haber visto cinco canciones, decidimos irnos. Por lo menos no nos comeremos el atasco de vuelta. Cuando termina el concierto oímos que casi cien mil gargantas enloquecen con un acontecimiento histórico. Digo “casi” porque se estima que unas diez mil personas con su entrada COMPRADA legalmente se quedaron sin entrar. Andamos con desgana por la carretera, de vuelta a nuestro coche. Por allí pasan los Mercedes que levan al grupo hasta su hotel… Mi novia no se resiste a gritar “Ladrones”. Yo me debato entre la indignación y la imágen de haberlos visto a un par de metros de distancia escapando en la noche como auténticos perros del silencio.
Cuando llegamos al coche, volvemos a Valencia. En dirección Cheste todavía hay atasco, cientos de fans desesperados que han oído desde su coche cómo empezaba el concierto y cómo se escapaban sus sueños al terminarse con ellos enfundados en la más angustiosa de las desesperanzas. ELlos ni siquera lograron llegar a Cheste. Nosotros escapamos de ahí, en dirección contraria, rumbo a nuestra cama en ese hotel al que esperábamos volver de madrugada, borrachos de Héroes.
Mis sensaciones… Toda la vida esperando algo. Algo. Algo que se te escapa entre los dedos. Rabia insolente. Desesperación. Impotencia. Unas ganas locas de llorar. Y noto como se me humedecen los ojos. Me siento maltratado, humillado, avergonzado… Vendido. Engañado. Me siento uno más de esas cifras que engordan las cuentas corrientes de los cuatro músicos más grandes que ha dado España en todo el siglo XX. Se han reunido por dinero, por unas cifras mareantes que hablan de un millón de euros por cabeza… por el sólo hecho de reunirse. Hay que sumarle los beneficios. Nadie puede ni siquiera imaginarse lo que pude llegar a sentir en el momento en que los tuve tan cerca y no pude… no pude estar en ese concierto. Nadie puede saberlo, excepto todos aquellos hermanos con los que me encontré en mi misma situación.
Valencia no estaba preparada para un evento de estas características. Valencia, o Cheste, o la promotora… O los propios Héroes del Silencio por no cuidar un poco más con quién trabajan. No lo sé. Pero se les fue de las manos. El desbordamiento fue tan inmenso que parecía increíble, una broma de mal gusto, una pesadilla que acabó a oscuras, bajo cuatro árboles y rodeados de miradas que anhelaban estar ahí… bajo los focos.
Este tipo de sucesos desafortunados, casi catastróficos diría yo… son los que hacen que un gran grupo como Héroes del Silencio se conviertan en una nimia e isignificante banda de barrio. La resurrección, el Regreso… sólo merece la pena para hacerlo bien, para superar y revivir la leyenda. Nunca para llenar los bolsillos de billetes. Nunca para maltratar a unos fans que se cruzarían el mundo por vosotros. Para esto, para esto… Quedaos en silencio. Yo me quedaré con vuestros discos… no con vosotros.
Nota: A partir de aquí se ha montado una plataforma para reclamar: Reclamaciones Concierto Héroes. Por supuesto, y como es lógico, Internet ya es un hervidero: U2Valencia, Universo Héroes, ForoCoches, Heraldo & Héroes, Las líneas del Kaos (uno, dos y tres)… A ver si se puede hacer algo.
P.D.: Este blog es tan sólo un pequeño tributo a un gran grupo. Nada tengo que ver con ellos, dejad de mandar vuestas tempestades en forma de mail contra mí, pues yo, pobre de mí, también me quedé sin verlos en la noche trágica de Valencia.